Voces del proyecto
Desde que llegamos aquí, cada persona que se ha dignado a mirar con ojos de amor y se ha dejado cautivar por la realidad de este pueblo y sus costumbres, en el corazón de África, no ha podido irse sin decir antes unas palabras, más o menos extensas, de lo indescriptible que es pasar por Tororo. Os animamos a que las leáis.
Primeras voces
“
CAROL BELDARRAIN
Uganda y sus habitantes, especialmente los niños y profesores de Sacred Heart, son para mí un sitio del que aprender y dejarse asombrar. A pesar de la penuria y la pobreza, la alegría siempre brilla más y el amor de Dios se palpa en todas las personas como en ningún lugar.
“
ANITA P-R
Para mí, Uganda es, ante todo, alegría. Alegría por todo lo que este país nos transmite y por lo que se refleja en nuestras caras cada día que pasamos allí. Es un encuentro con una cultura muy diferente a la nuestra que, sin embargo, nos enriquece enormemente y nos brinda un aprendizaje constante.
Además, Uganda representa esperanza. Aunque llegar hasta allí y desarrollar nuestro trabajo ya supone un gran logro, soy consciente de que todavía queda mucho camino por recorrer y muchas cosas por mejorar. Precisamente por eso, cada avance se convierte en una motivación para seguir adelante, especialmente ahora con la puesta en marcha del nuevo proyecto de formación para mujeres, que abre nuevas oportunidades y refuerza la ilusión por seguir construyendo un futuro mejor.
Testimonio destacado
MARÍA VALLS
Si alguien me hubiera preguntado hace unos años qué iba a significar Uganda para mí, jamás habría imaginado la respuesta. La primera vez que fui solo conocía a una persona y llegué sin saber muy bien qué esperar. Además, estaba pasando por una etapa complicada, con muchos problemas personales y bastante agobiada por la universidad. Sentía que necesitaba desconectar, pero nunca pensé que un lugar pudiera cambiar tanto mi forma de ver la vida.
Uganda me enseñó que la felicidad muchas veces está en las cosas más sencillas. Allí conocí a personas que, teniendo mucho menos de lo que nosotros consideramos imprescindible, son capaces de sonreír, compartir lo poco que tienen y agradecer cada pequeño gesto. Esa forma de vivir me hizo reflexionar muchísimo y darme cuenta de la suerte que tengo. Aprendí a valorar más mi vida, a dejar de dar por hechas tantas cosas y a poner en perspectiva muchos de los problemas que antes ocupaban todos mis pensamientos.
Pero Uganda no solo me cambió por todo lo que viví allí, sino también por las personas que puso en mi camino. Gracias al voluntariado conocí a un grupo de amigas increíbles que, sin esperarlo, se han convertido en una parte fundamental de mi vida. Compartir una experiencia así crea un vínculo muy difícil de explicar: hemos vivido momentos intensos, hemos reído, llorado, aprendido juntas y nos hemos apoyado unas a otras. Hoy sé que uno de los mayores regalos que me ha dado Uganda son ellas.
Después de dos veranos allí, puedo decir que Uganda ya no es solo un destino al que viajo para hacer voluntariado. Es un lugar que siempre llevará una parte de mí y en el que yo también he dejado una parte de mí. Es el sitio al que vuelvo para recordar lo verdaderamente importante, para recuperar la perspectiva cuando la necesito y para seguir aprendiendo de personas que, sin saberlo, me han enseñado algunas de las lecciones más valiosas de mi vida. Siempre estaré agradecida por todo lo que Uganda me ha dado, porque no solo me permitió ayudar a los demás, sino que también me ayudó, y mucho, a encontrar una versión mejor de mí misma.
Envíanos tú el siguiente testimonio
Si Tororo también te ha cambiado la mirada, puedes dejar tu historia para que el equipo de ASU la revise.
